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Nota sobre Gestación Solidaria en Argentina

Little boy kissing big dog

Muchas familias quedaron sin poder ver el nacimiento de sus hijos en procesos de gestación por sustitución fuera de Argentina.  Esto sucedió con las familias chinas primero, europeas luego que subrogaron un vientre en Estados Unidos y Canadá y ahora la toca vivir lo mismo a las familias argentinas que optaron por países como Ucrania o Georgia.

Una nota que explica como no es necesario viajar ya que la gestación por sustitución se puede hacer aquí en Argentina.  Por eso quedate en casa en esta pandemia, y en Argentina para esperar a tu hijo que nazca en la Ciudad de Buenos Aires por útero portador.  https://www.perfil.com/noticias/coronavirus/opinion-fabiana-quaini-sergio-pasqualini-pandemia-gestacion-sustitucion.phtml

El tiempo y la Pandemia  Algunas Reflexiones

pandemia y derechos

Por German Pereira Dos Santos

Una vez caminando por los pasillos de un vetusto edificio judicial de Buenos Aires, me tope frente al acceso a un juzgado que se encontraba con una fila de aproximadamente sesenta letrados que aguardaban para ingresar a la mesa de entradas.

Lo más curioso resulto que en el vano del pórtico se hallaba instalado un saca numero, como quien se dirige a un almacén o farmacia para ser atendido.

Alguien leerá esto y pensara que hablo de un suceso del año 1963, o bien de 1972, pues no, lo relatado pertenece a noviembre de 2019 en un tribunal dedicado a proteger los derechos del trabajo.

Y si hay algo que la pandemia del 2020 nos trajo es la posibilidad de pensar en que venimos haciendo tan mal, o mejor dicho, qué cosas podrían modificarse para que al menos redundara en beneficio de ese gran olvidado por la humanidad, “el otro”.

El otro, puede ser un paciente de un consultorio médico, un pasajero del ferrocarril atestado, o un abogado que desea llevar una petición a un tribunal para intentar representar los derechos que le fueron confiados.

No importa quien sea, el otro es un todo que debe ser visibilizado para poder ser digno de un respeto.

Humildemente, yo me detendré en esta ocasión a intentar trazar unas líneas en lo que entiendo podría ser una mejora de mi profesión que redundaría significativamente en mejorar la vida del otro, entendido el “otro” como los auxiliares del sistema de justicia, y de mayor manera del justiciable.

Algo en lo que pienso desde que ejerzo el derecho, es en el factor aritmético del tiempo.  Y desde chico escucho economistas y empresarios hablar de que el tiempo es dinero, algo con lo que discrepo, ya que en mi leal entender el tiempo es vida y no un bien simplemente fungible.

He visto desde cerca morir a alguien sin que sus derechos lesionados fueran reparados, y eso determinara que un delincuente, por deficiencia de la letra procesal volviera a las calles sin la justa y rápida sanción por el hecho aberrante cometido.

El tiempo se lleva la vida de la gente que muchas veces se ofusca con su letrado por qué no logra que sus derechos vulnerados sean protegidos, y como presiente que sus derechos vs factor tiempo se dan de bruces, acude a los medios audiovisuales para enarbolar un intento de protección, lo que significa que los justiciables eludirán el servicio de justicia, excepto cuando no les quede otra opción, porque –entre otras cosas- descreen que la respuesta del mismo emerja en un tiempo prudencial.

Alguna vez presencie como al servicio de justicia federal de una provincia le llevo 19 años dictar un sobreseimiento para una persona en una de esas causas denominadas mega causa.

No es que otros países más desarrollados poseen mentes más brillantes en los estrados ni en la Doctrina.  Lo primero que se advierte es que en esos países, entiende a la Justicia como un Servicio, es decir, un servicio para el “otro”.

Si nos ponemos a filosofar como ejercicio mental, advertiremos que desde el nombre se signa la suerte de las cosas.

Poder Judicial en vez de Servicio de Justicia.

Poder nos da la idea de que alguien detenta el mismo –mono dirección verticalista, en cambio Servicio nos daría la idea de que un conjunto de personas se encontrarían orientadas y preparadas para proporcionar una solución a algo –pluri dirección horizontalista si se me admite la expresión.

Yo tuve la suerte de formarme durante la redacción del primer código procesal penal que instauraría la oralidad de juicio, allá por el año 1992, algo que era impensado y llevó su tiempo para adaptar el cerebro de quienes litigaban por aquel entonces, que venían de la redacción en papel romaní y maquinas de escribir, pero se pudo y hoy día nadie lo discute en su beneficio.

Pero algo debe pasar en nuestra psicología argentina que por alguna razón los cambios nos asustan y más que a la media mundial, porque siempre, sea el tema del que se trate, nos quedamos a mitad de camino.

Repárese en el hecho que el legislador original, 1853 se delineo el proceso a través de jurados y hoy día, tan solo –y conciertas reservas procesales- se ha instaurado el sistema de juicio por jurados en tan solo algunas provincias de las que integran el territorio nacional.

Y uno reflexiona, y si se instauro el proceso oral en el sistema de enjuiciamiento penal, porque no en el proceso civil, comercial y laboral?

Qué dificultad obtura ese establecimiento?

Se logró imponer la audiencia del Art. 360 del proceso civil y comercial nacional o bien la audiencia de vista de causa en el proceso laboral, pero quien haya tenido la oportunidad de participar habrá advertido que no tiene nada que ver con una oralidad plena que signifique redundar en una economía procesal que impacte en una reducción significativa de los tiempos de tramitación de un proceso judicial.

Sigue existiendo los casilleros de tribunales atestados de papeles arrumbados por pisos y escritorios criando un sinnúmero de ácaros que nadie desea tocar sin riesgo de pescarse una urticaria.

La pandemia nos enfrentó a la necesidad de la virtualidad y la vía electrónica de comunicación, algo que los letrados venimos haciendo, pero a medias, ya que –excepto el caso de la Ciudad de Buenos Aires- el expediente plenamente digitalizado no existe.

El 2020 nos encontró con un proceso no finalizado de manera correcta y ahora que nos encontramos todos encerrados, se esbozan sendos protocolos –tipo parche- a fin de poder poner en funcionamiento un servicio que viene sin lubricación desde hace décadas y lo único que ha perfeccionado es un proceso –método- que se perfecciona en la colección de papeles en casilleros, con escritos que nadie desea leer, en la que el último eslabón perjudicado es aquel que debería ser el primer protegido, el justiciable.

No resulta necesario ser Dalmacio Vélez Sarsfield ni Friedrich Karl von Savigny para percibir que así no podemos seguir, ya que cada día descendemos más y más en el peldaño de la consideración de las personas que no se dedican a esta hermosa profesión.

El problema y la solución siguen permaneciendo del mismo lado, nosotros los operadores del servicio de justicia.

Es fácil advertir que la resistencia al cambio se encuentra en aquellos que desean; a lo sumo un gatopardismo judicial; pero en el fondo quieren seguir reteniendo esa miserable cuota de poder, que en nada se compadece con la idea de brindar soluciones rápidas y eficaces a aquellos que acuden en pedido de ayuda.

Por eso es que entiendo necesario un cambio radical de cara a la sociedad que nos pide velocidad, precisión y seriedad para dar soluciones efectivas.

No es muy difícil estructurar un proceso oral y magnetizado digitalmente; cualesquiera fuera el fuero; que pueda definir hechos y derechos en menos de 6 meses, respetándose todas las garantías constitucionales.

Será necesario para cambiar el paradigma que cambiemos nuestra cosmovisión del mundo y de la función que somos llamados a cumplir.  No somos ningún poder, somos tan solo un mero servicio de cara a la gente y para la gente, algo que seguramente redundara en beneficio de todos, incluso de nosotros mismos, y modificará la percepción que de nosotros se tiene.

He ahí el desafío post pandemia.

La Corte Suprema de Justicia de La Nación definirá su postura sobre la gestación solidaria


gestacion solidaria

Leonardo e Ignacio presentaron, el año pasado, un “recurso de queja” ante la Corte Suprema de Justicia para ser los padres legales de Juan Pablo, su hijo de cuatro años. En el Día Internacional de la Familia, la historia de dos personas que solo quieren que el DNI de su pequeño lleve sus nombres Nota de Infobae, 15/05/2020   Milton Del Moral.

https://fabianaquaini.blogspot.com/2020/05/maternidad-subrogada-argentina.html